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¿Y si vamos a la NASA?

Publicado el 24 marzo, 2015


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Por: Emilio Herrera, alumno de III de High School del Liceo de Monterrey.

Al final del semestre pasado, vimos en la clase de Física del Bachillerato Internacional (BI) un tema relacionado a la aceleración que requieren los cohetes para poder vencer a la gravedad y lograr atravesar la atmósfera. Como broma, alguno dijo que deberíamos ir a la NASA a investigar al respecto. Dos de mis compañeros se dieron cuenta de que, en realidad, era una idea interesante y factible. Y así es como comenzó la planeación de un viaje a Houston que tardó unos cuantos meses en hacerse realidad.

Humberto Torres y Diego Guajardo, los dos compañeros a los que me refiero, comenzaron a hacer presupuestos, y lo que era más difícil, buscar la autorización del Colegio. Afortunadamente, contaban con el apoyo del profesor de física Mario Sánchez, y de los titulares de los dos salones de Física –Salatiel Salinas y Christian Musto–. Finalmente salió el programa del viaje, el presupuesto, y el Colegio dio la autorización. Todo era manejado y coordinado por estos dos alumnos, lo cual le da mucho mérito a la organización del viaje.

Salimos el jueves 5 de marzo a las 7 de la mañana del Liceo en dos camionetas conducidas por los profesores Mario Sánchez y Jesús Santos. Fue una travesía interesante. La música que escuchamos iba desde las canciones de actualidad, haciendo escala en las ochenteras y llegando a las norteñas. Como es lógico, también hubo tiempo de platicar, jugar y bromear. Hubo que sufrir en la frontera, pues fue necesario hacer dos horas de fila en el aire helado para tramitar los permisos de internación. Nos retrasamos y pudimos comer hasta pasadas las 4 de la tarde. Finalmente llegamos al hotel en Houston pasadas las 10 de la noche.

El viernes 6 desayunamos en el hotel y cerca de las 10 de la mañana salimos rumbo al Johnson Space Center, ubicado en el sudeste de Houston. En la entrada nos recibió un transbordador espacial montado sobre un avión que se utilizó para su transportación. Entramos al edificio principal, donde había una exposición de Believe It Or Not. Pasamos a una conferencia con el astronauta Donald A. Thomas, quien ha estado en varias misiones y tiene acumuladas mil horas en el espacio. Nos contó sobre la preparación para ser astronauta, el proceso para despegar un cohete, características de estar en gravedad cero y sin oxígeno, etc.

De ahí pasamos a un tour en un pequeño tren que recorre las instalaciones. Nos llevó primero al Mission Control Center desde el que se manejaron las misiones Apolo. Estábamos viendo un lugar verdaderamente histórico. Después pasamos a un almacén del tamaño de dos canchas de fútbol donde vimos instalaciones en las que los astronautas practican condiciones del espacio, así como simuladores en tamaño real de varias naves, incluyendo la nave Orion, que pretende llevar al hombre a Marte en los próximos años. De ahí pasamos a otra bodega enorme donde está el Saturn V, el cohete que llevó a las misiones Apolo al espacio.

Comimos en el food court del lugar y después fuimos a una plática llamada Living In Space, donde nos explicaron las condiciones en las que se vive en la International Space Station. Pudimos observar también una réplica de la cabina de mando de un transbordador. Acabamos nuestra visita a la NASA, y nos trasladamos a unos go karts que estaban en el camino entre el Space Center y el hotel. Las habilidades al volante se pusieron a prueba. Una vez terminada esta actividad, fuimos a cenar unas pizzas y de ahí al hotel.

El sábado desayunamos de nuevo en el hotel y salimos temprano a Rice University, que está a un lado del Texas Medical Center y del Museum District. Nos contaron la historia de William Marsh Rice, quien fue asesinado por su abogado para quedarse con su fortuna, la cual él pretendía dejar a su muerte para el establecimiento de una universidad. Lo descubrieron y encarcelaron, y se pudo fundar la universidad al recuperar el dinero. El campus está formado por diversos edificios en ladrillo rojo, con ventanas largas y delgadas al estilo europeo, y amplios caminos arbolados. Entramos a la biblioteca y a un Common Hall. Estaban vacíos: nos dijeron que era el springbreak. También pudimos observar un fragmento del Muro de Berlín –sí, el que fue derrumbado en 1989 –con el que nos tomamos fotos. Estábamos tocando historia, literalmente.

El guía que nos atendió, un estudiante senior de Química, de ascendencia asiática, nos dejó en el Sallyport arch, en el Lovett Hall. Los estudiantes pasan por este arco al llegar por primera vez a la Universidad para dirigirse a la oficina de Admisiones que está en el edificio. Se supone que no vuelvan a pasar por ese arco hasta salir de la Universidad, pues la superstición dice que si lo atraviesas hacía afuera del edificio antes de graduarte, no te graduarás. Terminamos y nos dirigimos a The Galleria, el centro comercial más grande de Texas, donde algunos hicieron compras y paseamos por horas. Salimos de ahí a las 6 de la tarde para ir a Misa de precepto dominical cerca del hotel. Creíamos que la Misa era de 7:30, pero resulto ser de 7, y llegamos a la comunión. Ni modo, habría que ir en la noche del domingo, una vez que estuviéramos de regreso en Monterrey. Fuimos a cenar a un restaurante italiano, y para las 11 de la noche ya estábamos en el hotel.

El domingo emprendimos el regreso. Otro inconveniente: nos sorprendió un cambio de horario (en Estados Unidos se hace antes que en México), por lo que dormimos una hora menos. A las 8 de la mañana, tiempo de Houston, estábamos todos agotados en las camionetas. Habría mucho tiempo para dormir. La lluvia se dejó sentir fuerte en el camino entre Houston y San Antonio, pero a partir de ahí todo fue tranquilidad y no hubo inconvenientes. Para las 7:30, tiempo de México, estábamos de regreso en el Liceo.

En el viaje pudimos darnos cuenta de muchas cosas. El talento logístico que hay en la generación. Comprobó que, quien más quien menos, el inglés sale adelante cuando lo necesitamos. Nos abrió el horizonte más allá de las dos universidades regias con la visita a Rice University. Nos hizo pensar en grande sobre las maravillas del Universo y lo que con trabajo y esfuerzo se puede conseguir, al estar en la NASA. Nos demostró el buen gusto de los alumnos en The Galleria. Nos comprobó las habilidades –o la falta de estas –al volante en los go karts. Pero lo más importante, nos dimos cuenta que donde quiera que estemos los del Liceo, habrá un buen ambiente garantizado. Porque después de tantos años de conocernos, nos damos cuenta de que somos una familia, tal y como se llama la revista: una Familia Liceo.

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