Carácter sano, autodominio seguro

El autodominio es parte importante para regular las virtudes, sin él, las personas serían incapaces de dirigirse hacia el bien. Hoy en día, existen obstáculos que intentan impedir que lleguemos al ejercicio pleno de las virtudes, pero siempre es posible conseguirlo. Una manera de lograr autodominio es formando de manera adecuada el carácter personal, que para variar es distinto en cada uno de nosotros dado otros factores como el temperamento, por mencionar alguno.

La frivolidad, la superficialidad, la falta de carácter, son algunos de estos obstáculos que sin un adecuado autodominio se convierten en un peligro para nuestros futuros jóvenes; no cabe duda que, son vicios de moda, que están allí esperando atrapar a los hijos, y definitivamente muchas veces se nos muestran queriendo aparentar un bien inmediato y fácil. Por ejemplo, muchas veces la publicidad nos presenta ideales efímeros como el consumir algún producto aprovechando grandes ofertas, independientemente de si se necesita o no, y desgraciadamente en muchos casos, es una meta para una supuesta autorrealización personal.

Tantas veces nos quejamos de la falta de carácter de una persona, y cuesta trabajo convivir con este tipo de personas que hacen la vida difícil a los demás. Podría decirse que la culpa la tienen los padres de familia y en parte, los educadores en general, pues al no exigir un verdadero manejo de las emociones personales desde pequeños, lo que se va formando es una persona blanda, débil, que ante la primera “tempestad” se derrumba.

¿Y qué tengo que hacer con mi hijo pequeño para que sea una persona con carácter? En primer lugar examinarnos sinceramente como padres de familia, y así podremos darnos una idea de si vamos por buen camino. Por eso aquí les dejo un breve examen, el cual está basado en sucesos reales. Es muy recomendable leerlo, y además pedir a alguien a quien se quiera y a quien se le tenga confianza si las respuestas corresponden a la realidad que esta persona percibe.

  • ¿Qué tan sobreprotector(a) soy? ¿Reacciono protegiendo inmediatamente ante la más mínima queja del hijo?
    • ¿Procuro cumplir caprichos o pongo límites?
    • ¿Mantengo la autoridad de los profesores en primer lugar?
    • ¿Pongo límites a su diversión?
    • ¿Corto las reacciones violentas o distorsionadas del carácter a la primera?
    • ¿Les enseño a comer moderadamente?
    • ¿Enseño a mi hijo a aprender de los errores, o por lo general, procuro que no sufra?

Desde otro punto de vista, podría preguntarse también si alguno de estos ejemplos son aplicables:

  • Quejarse cuando falta algo, por mínimo que sea.
    • Cuando pide de tomar, exige que sea jugo, refresco, mínimo agua embotellada y no de la de llave.
    • No saber sufrir los defectos de los demás. Demuestran intolerancia y falta de empatía.
    • Querer siempre tener la razón, de una manera insistente
    • Poner “peros” a todo.
    • Hacer constantes berrinches. Querer siempre hacer lo que le apetece sin importarle los demás.
    • Poner condiciones a los papás.

Estos ejemplos de conducta se suelen observar en muchos niños, incluso desde los primeros años de Basic School, aunque afortunadamente no en todos.

Es evidente ver cómo a las personas que en su desarrollo se les puso un alto a su mal carácter, ahora son personas trabajadoras, amables, prudentes, serenas, confiables, dueñas de sí, y no porque el “mal carácter” se fue, sino porque se conocen y han aprendido a vivir con él, a dominarse y a hacer el bien.

Dice San Josemaría Escrivá de Balaguer: No digas: “Es mi genio así…, son cosas de mi carácter. Son cosas de tu falta de carácter: Sé varón —”esto vir””. (Camino, N. 4).

Ojalá esta reflexión ayude a comprender que el autodominio se puede lograr desde la infancia menor y que este periodo es ideal para sentar bases sólidas en la adolescencia, y así se pueda forjar el carácter de cada uno de los hijos.

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