“Sólo podemos dar lo que tenemos”.


Por Guillermo Arroyo Cota,

Miembro del Consejo de Administración de FIE,
Profesor de Apologética y Preceptor de High School.

Es un hecho incontrovertible que nuestro mundo está cambiando rápidamente aunque la dirección es caótica. Parece que la principal fuerza que ha producido los cambios es una búsqueda de felicidad que no parece que estemos logrando hallar. Hemos intentado encontrarla por la vía de los regímenes políticos, de los sistemas económicos, de la indiferencia ante la verdad y aún no logramos dar con la solución. No obstante, la realidad del cambio “desbrujulado“ es evidente.

Como escribía Mario Vargas Llosa, intelectual agnóstico, premio Nobel de Literatura 2010, cautivado por el espectáculo de los dos millones de jóvenes que asistieron en agosto pasado a la Jornada Mundial de la Juventud: “Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas (…) Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar (…) la religión no sólo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática (El País, Columna dominical, Agosto 2011, “La fiesta y la cruzada”).

Ante este mundo que busca desenfrenadamente la felicidad y no la encuentra, los cristianos tenemos la respuesta. Así lo señalaba Benedicto XVI en Madrid animando a los jóvenes a “dar testimonio de la fe en los más diversos ambientes, incluso ahí donde hay rechazo o indiferencia. No se puede encontrar a Cristo y no darlo a conocer a los demás. Por tanto no os guardéis a Cristo para vosotros mismos. Comunicad a los demás la alegría de vuestra fe. El mundo necesita el testimonio de vuestra fe, necesita ciertamente a Dios” (Homilía, Jornada Mundial de la Juventud, 21-VIII-2011).

Estamos ante una realidad paradójica: los cristianos tenemos la respuesta pero no hay mucha gente interesada en preguntar sobre el modo de alcanzar la felicidad. O bien, no encuentran en el cristianismo un modo atractivo de felicidad y prefieren obtener esas respuestas en los medios de comunicación o en propuestas de felicidad que se agotan en el corto plazo. En definitiva, encontramos en muchos sitios indiferencia.

Con este motivo el pasado 2 de octubre Javier Echeverría, Prelado del Opus Dei –el Padre, como cariñosamente le llamamos sus hijos- escribió a los fieles de la Prelatura y a todas las personas que están cerca del Opus Dei, una Carta Pastoral en la que nos animaba a participar muy activamente en la tarea de la nueva evangelización: “Dios ha enviado siempre a la Iglesia santos que, con su palabra y con su ejemplo, han sabido reconducir las almas a Cristo” (cfr. Carta 2-X-11, n. 1).

Para ello, y es el tema central de la carta, es preciso esmerarnos en adquirir una sólida y profunda formación cristiana. Es decir, sólo podemos dar lo que tenemos. O como reza la sabiduría popular: “No se le pueden pedir peras al olmo” . Citando a San Josemaría nos escribe: “Discite benefacere (Is, 1,17), aprended a hacer el bien, repetía con palabras del profeta Isaías; porque es inútil que una doctrina sea maravillosa y salvadora, si no hay hombres capacitados que la lleven a la práctica.” (cfr. Carta 2-X-11, n.3). Esta formación no es meramente teórica; va más allá de conocer los contenidos, comporta hechos y cambia la vida. El Padre, desglosa en esta carta, la formación cristiana en cinco aspectos. Señalo a continuación una pequeña pincelada de cada aspecto, con la ilusión de que cada uno pueda leerla a profundidad: (la carta completa puede encontrarse en www.opusdei.org.mx.)

  • Aspecto humano: fortalecer las virtudes y contribuir a la formación del carácter. Nos insiste especialmente en la templanza, como camino para lograr la verdadera libertad sobre nuestros instintos; y en la fortaleza que nos lleva a vencernos a nosotros mismos ante lo que supone esfuerzo, es decir, ante lo que vale la pena.
  • Aspecto espiritual: “lleva a crecer ininterrumpidamente en la unión con Jesús” que se nutre de auxilios espirituales que facilitan la unidad de vida. Actuar siempre y en todo momento como hijos de Dios. En una palabra, luchar por vivir con coherencia cristiana (cfr. Carta 2-X-11, n.12).
  • Formación en la doctrina católica: citando a Juan Pablo II nos lo explica: “se revela hoy cada vez más necesaria la formación doctrinal de los fieles laicos, no sólo por el natural dinamismo de profundización en la fe, sino también por la exigencia de dar razón de la esperanza que hay en ellos, frente al mundo y sus graves y complejos problemas” (Carta 2-X-11, n.23).
  • Aspecto apostólico: “El Señor quiere servirse de nosotros – de nuestro trato con los hombres, de esta capacidad nuestra que nos ha dado Él, de querer y hacernos querer-, para seguir Él haciéndose amigos en la tierra” (Carta 2-X-11, n.28).
  • Formación profesional: “tiende a fomentar el necesario espíritu sobrenatural, para que cada uno se empeñe en realizar el trabajo con la mayor perfección humana posible y con afán de servicio convirtiéndolo en instrumento de santidad y apostolado” (Carta 2-X-11, n.33).

De modo resumido, siguiendo las ideas de la carta, lo que espera la Iglesia de los cristianos es que seamos muy humanos, bien preparados doctrinal y profesionalmente, piadosos, y, en consecuencia, buenos amigos de nuestro cónyuge, de nuestros hijos, de todas las personas con las que convivimos.

Sabemos por experiencia que sólo se puede ser feliz permanentemente haciendo el bien a los demás. La Iglesia, el Padre, nos invitan a ser los hombres y mujeres más felices de la tierra enseñando a quienes nos rodean a alcanzar esa felicidad.

Termino con una última cita que resume la tarea que enfrentamos: “El panorama es tan vasto que jamás podremos decir: ¡ya estoy formado! Nosotros nunca decimos basta. Nuestra formación no termina nunca: todo lo que habéis recibido hasta ahora es fundamento para lo que vendrá después (Carta 2-X-11, n.3)..

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