¡Y todo empezó con aquellos ocho chiquillos!

Por: Rómulo González Zubieta y Bertha Díaz-Barreiro de González
papás fundadores del Liceo.

En el verano de 1979 un grupo de padres de familia nos decidimos a iniciar un colegio de varones, la primera generación de niños, del recientemente fundado Liceo de Monterrey para niñas, había terminado el Kínder.

Para ello le solicitamos al IMI (ahora ICAMI) que nos prestara un aula en sus instalaciones de Padre Mier, en la Colonia María Luisa. Contratamos a la Profesora Gabriela –que había sido maestra en el colegio de niñas- para hacerse cargo del Primero de Primaria, con los ocho primeros alumnos.

Al siguiente año, al integrarse el Prof. Francisco Cázares como Director del Liceo, abrimos la inscripción hasta cuarto de primaria. Amablemente, la familia Alanís nos prestó una propiedad que incluía una casa y un amplio terreno donde se podían practicar diversos deportes. Esta propiedad se encontraba sobre Gómez Morín, cerca de la Calle María de los Ángeles, a donde se mudó el Liceo de mujeres.

Entre las razones que nos llevaron a iniciar este colegio se encontraba el interés en la educación integral, donde se cultivan al mismo tiempo los diversos aspectos de la persona: intelectuales, espirituales, estéticos, morales, físicos y sociales.

Buscamos un ambiente educativo donde se propiciara la integración de la familia y donde se fomentaran los valores humanos y espirituales, dentro de un ambiente católico. También buscamos el desarrollo de la libertad responsable, donde los alumnos fueran capaces de vivir plenamente los valores propuestos. Uno de los aspectos que consideramos importante fue el contar con la preceptoría para nuestros hijos y para nosotros. Para todo esto estuvimos inspirados –y animados personalmente- por san Josemaría de Balaguer, quien impulsó y apoyó con su oración este tipo de iniciativas en diversos países. Posteriormente, el ahora Beato Álvaro del Portillo, siguió apoyando el esfuerzo de los padres y maestros con su oración y su estímulo.

Para iniciar el Liceo, formamos un Comité Directivo con varios padres de alumnos, para apoyar la labor de la Mtra. Graciela en el IMI y para –posteriormente- conseguir un nuevo local, con cuatro grados. Algunas de nuestras esposas participaron como maestras de religión y moral, apoyando a la Mtra. Graciela.

Nos apoyamos en las experiencias de otros colegios